LAS LÁGRIMAS DE FELIPE II EL “LUNES DE AGUAS”

Hornazo, suculenta masa realizada con mimo y decorada bajo la mano de la tradición con formas romboidales, bien doradita…con un interior de pecado: lomo, jamón, chorizo y acompañado en ocasiones de huevo cocido. Seguro que lo has probado o has oído hablar de él y de su afamada fiesta del “Lunes de Aguas”.

 

El “lunes de aguas” de profundo arraigo popular, que ha hecho del riquísimo hornazo, una seña de identidad con historia. Nos tenemos que remontar al siglo XVI  y a un sorprendido Felipe II a su paso por la tierra charra. Ciudad universitaria, culta y bella, pero que no se ceñía al completo con la sobriedad religiosa del rey. El ambiente estudiantil invadía la ciudad con una libertad pecaminosa, que hacía mella incluso en Semana Santa. ¡Eso no podía consentirlo Felipe II! y no tardó en dictaminar que todas las prostitutas salieran de la ciudad, trasladadas al otro lado del río, durante el período de Semana Santa. Dicho y hecho.

 

A los 8 días del Domingo de Resurrección, Salamanca celebraba a orillas del río Tormes, la vuelta de las prostitutas y la finalización de renuncia a los manjares. Ese lunes, los estudiantes preparaban las barcas para traer de vuelta a las prostitutas adornadas de flores y ramas, mientras todo el pueblo salmantino se echaba al campo, con sus hornazos, vinos, quesos y todas las mejores viandas que no habían podido catar los días santos.

 

Hoy en Salamanca, sigue en pie la tradición, la ciudad se queda vacía, y sus gentes se concentran en el campo charro o en algún parque donde haya sitio para una manta junto a ese ansiado hornazo. Hay lugar para todos, familias, amigos, turistas o no, todos son bien recibidos en cualquier espacio que quede del campo charro. Las tiendas no tienen actividad aquella tarde, ¡porque sólo una vez al año es “Lunes de Aguas” y hay que celebrarlo!

 

Dice la tradición que muchos lunes de aguas, llueve, y que son las lágrimas de Felipe II…Llueva o no, el hornazo se come y se brinda con buen vino, si se puede en el campo y si no reunidos en casa.

 

Es tal el éxito del hornazo, que ya no hay que reservarse para ese día en concreto y puedes probarlo cualquier época del año.  Eso sí, asegúrate que es el auténtico, el de mejor calidad,  el que lleva nuestro corazón amarillo.

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