EL CARÁCTER DE LOS VINOS DE CASTILLA Y LEÓN.

La base enológica de las cinco denominaciones de origen de nuestro primer artículo, hizo que otras zonas vitivinícolas de nuestra región apostaran por la calidad como factor diferenciador, unido a la peculiaridad que podrían aportar en cuanto a sus variedades de uva y su orografía.

 

Y así nos encontramos con nuestras más jóvenes denominaciones de origen, como es D.O. Arlanza con vinos rosados frescos, intensos y vivos y tintos de personalidad y de buen comportamiento en el envejecimiento, donde la variedad Tempranillo deja su impronta en ensamblaje con variedades con la Mencía o Cabernet Sauvignon.

 

D.O. Arribes, rincón de la variedad Juan García, que nos permite disfrutar de vinos complejos en el ámbito de tintos y frescos y equilibrados en su expresión de rosados, con un buen potencial aromático, y de significativa persistencia.

 

La variedad Prieto Picudo es la señal de identidad de la D.O. Tierra de León, donde los vinos rosados muestras su potencialidad aromática y su excelente frescura y viveza, junto con los vinos tintos muy versátiles en su expresión de juventud y su adaptabilidad para el envejecimiento.

 

La especial orografía de la D.O. Tierra del Vino de Zamora, unido a la gran versatilidad de variedades como Tempranillo, y Garnacha en variedades tintas y Malasia, y Verdejo en variedades blancas, nos ofrecen un abanico de vinos amables, intensos y de gran calidad.

 

No podemos cerrar este breve recorrido por los vinos de nuestra Castilla y León, sin mencionar los vinos de ese futuro inmediato, que es ya casi presente, que nos ofrecen por un lado los Vinos de Calidad de Valles de Benavente, donde otro reducto importante de la variedad Prieto Picudo nos ofrece grandes vinos rosados y potentes vinos tintos, los Vinos de Calidad de la Sierra de Salamanca, bastión de la variedad Rufete donde junto con nuestra clásica Tempranillo permite elaborar vinos tintos intensos de aromas y robustos de cuerpo, y por ultimo los Vinos de Calidad de Valtiendas, ese pequeño reducto segoviano, apéndice de la ribera del Duero, donde una vez mas la variedad Tempranillo, nos obsequia con vinos tintos de gran estructura, muy aptos para la crianza.

 

Castilla y León, tierra de sabores, tierra vitivinícola por  excelencia, donde el clima, el terruño y esa gran variedad de uvas, forman el conjunto de factores que nos permiten disfrutar de grandes vinos de calidad, vinos de gran diversidad, hasta el punto de que desde Peñafiel hasta Rueda, apenas cincuenta kilómetros, el salto enológico es tal que para compararlo a escala mundial, tendríamos que recorrer la distancia entre Jerez y Burdeos.

 

 

 

 

Jose Antonio Fernández Escudero

Responsable Estación Enológica de Castilla y León

 

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