El envero, el camino definitivo hacia la vendimia

Con el verano alcanzando su plenitud en todos los sentidos y nosotros pensando en las mejores vacaciones, es fácil olvidarse de que las plantas de los viñedos no descansan en su avance por completar su ciclo vital. Es más, no sólo no descansan, sino  que a poco que nos fijemos y pensemos en las cepas caeremos en la cuenta de que realmente se adaptan y sufren para dotar a los racimos y a las bayas de los mejores compuestos con el fin de que después la semilla pueda difundirse y perpetuar su estirpe.

 

Podemos imaginar que durante estas jornadas de fuerte calor, donde las lluvias han quedado lejanas hasta en nuestro recuerdo, las cepas deben ajustar su actividad a las mejores horas del día mientras ralentizan sus funciones en las horas centrales de la jornada. Por otro lado, si nos fijamos con atención en los racimos, podemos observar cómo algunas bayas están coloreándose con tonos amoratados o con tonos amarillentos, dependiendo de si observamos plantas de variedades tintas o blancas, hasta que todo el racimo cambia, y a la vez las bayas se hacen más elásticas.

 

Este cambio tan llamativo es el “envero”, y la espectacularidad que marca el cambio de color va acompañada de un gran número de transformaciones fisiológicas en las cepas. El envero marca el comienzo de la maduración de las bayas, se detiene el crecimiento vegetativo, acumula azúcares y otros compuestos cada vez a mayor ritmo, degrada ácidos, comienzan a lignificarse los pámpanos, que a partir de ahora serán sarmientos. Es por tanto casi un milagro que bajo este sol que no perdona, las plantas sigan con su ruta marcada, año tras año, verano tras verano. Se da la circunstancia de que en algunas zonas que han sufrido las fortísimas heladas primaverales, podamos ver ahora racimos enverando y otros verdes, que al estar en brotes tardíos llevan retraso. Año muy duro y muy difícil para los viticultores, pero curioso para el observador, que puede, si quiere, deleitarse dos veces con el envero en pocas semanas.

 

José Antonio Rubio Cano.

Jefe de la Unidad de Cultivos Leñosos y Hortícolas.       

Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl).

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